Al deseo con A, escribir deseo con A, por instaurar un capricho surrealista, por ser la primera alfabética, por el triángulo implícito, por su vértice de sesenta grados, porque sus inclinaciones convergen, porque es un ideograma dirigido, flecha con agenda, por puro ascetismo. Por armar un argumento arrebatado. Alterar el orden de las cosas era primordial para los Surrealistas, y el punto de partida debía ser la seducción del lenguaje. La dimensión dominante que adquiriría la palabra sería absolutamente sexual. Nunca antes el potencial erótico en el texto habría sido tan valorado. El movimiento surrealista nació literario, al conjuro y conjugación del verbo convulsionar. Del temblor y su agitación violenta el claroscuro del deseo no sólo habría de erigirse como incansable motor, e irresoluble, sino también como timón y motín del grupo. A se abrió las piernas y dio inicio a una configuración simbólica al mandato exclusivo de la convulsión. La primera ejecución sexual desde la letra aurora.
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